Canto II

Yo he conocido esta tierra

en que el paisano vivía

y su ranchito tenía

y sus hijos y mujer…

Era una delicia el ver

cómo pasaba sus días. […]


Estaba el gaucho en su pago

con toda siguridá,

pero aura… ¡barbaridá!

la cosa anda tan fruncida,

que gasta el pobre la vida

en juir de la autoridá.


Pues si usté pisa en su rancho

y si el alcalde lo sabe,

lo caza lo mesmo que ave

aunque su mujer aborte…

¡No hay tiempo que no se acabe

ni tiento que no se corte!


Y al punto dése por muerto

si el alcalde lo bolea,

pues áhi no más se lo apea

con una felpa de palos.

Y después dicen que es malo

el gaucho si los pelea.


Y el lomo le hinchan a golpes,

y le rompen la cabeza,

y luego con ligereza,

ansí lastimao y todo,

lo amarran codo con codo

y pa el cepo lo enderiezan. […]