Yo he conocido
esta tierra
en que el paisano
vivía
y su ranchito
tenía
y sus hijos y
mujer…
Era una delicia el
ver
cómo pasaba sus días. […]
Estaba el gaucho
en su pago
con toda siguridá,
pero aura…
¡barbaridá!
la cosa anda tan
fruncida,
que gasta el pobre
la vida
en juir de la autoridá.
Pues si usté pisa
en su rancho
y si el alcalde lo
sabe,
lo caza lo mesmo
que ave
aunque su mujer
aborte…
¡No hay tiempo que
no se acabe
ni tiento que no se corte!
Y al punto dése
por muerto
si el alcalde lo
bolea,
pues áhi no más se
lo apea
con una felpa de
palos.
Y después dicen
que es malo
el gaucho si los pelea.
Y el lomo le
hinchan a golpes,
y le rompen la
cabeza,
y luego con ligereza,
ansí lastimao y
todo,
lo amarran codo
con codo
y pa el cepo lo
enderiezan. […]