Tuve en mi pago en
un tiempo
hijos, hacienda y
mujer,
pero empecé a
padecer,
me echaron a la
frontera
¡y qué iba a
hallar al volver!
tan solo hallé la tapera. […]
Cantando estaba
una vez
en una gran
diversión;
y aprovechó la
ocasión
como quiso el juez
de paz.
Se presentó, y áhi
no más
hizo una arriada en montón.
Juyeron los más
matreros
y lograron
escapar.
Yo no quise
disparar,
soy manso y no
había por qué,
muy tranquilo me
quedé
y ansí me dejé agarrar. […]
Formaron un contingente
con los que en el
baile arriaron;
con otros nos
mesturaron,
que habían agarrao
también:
las cosas que aquí
se ven
ni los diablos las pensaron.
A mí el Juez me
tomó entre ojos
en la última votación:
me le había hecho
el remolón
y no me arrimé ese
día,
y él dijo que yo
servía
a los de la esposición. […]
Al mandarnos nos
hicieron
más promesas que a
un altar.
El Juez nos jue a
proclamar
y nos dijo muchas
veces:
“Muchachos, a los
seis meses
los van a ir a revelar.” […]
A naides le dieron
armas,
pues toditas las
que había
el coronel las
tenía,
según dijo esa
ocasión,
pa repartirlas el
día
en que hubiera una invasión. […]
¡Y qué indios, ni
qué servicio,
si allí no había
ni cuartel!
Nos mandaba el coronel
a trabajar en sus
chacras,
y dejábamos las
vacas
que las llevara el infiel. […]
Más de un año nos
tuvieron
en esos trabajos
duros,
y los indios, le
asiguro,
dentraban cuando
querían:
como no los perseguían,
siempre andaban sin apuro. […]