Canto III

Tuve en mi pago en un tiempo

hijos, hacienda y mujer,

pero empecé a padecer,

me echaron a la frontera

¡y qué iba a hallar al volver!

tan solo hallé la tapera. […]


Cantando estaba una vez

en una gran diversión;

y aprovechó la ocasión

como quiso el juez de paz.

Se presentó, y áhi no más

hizo una arriada en montón.


Juyeron los más matreros

y lograron escapar.

Yo no quise disparar,

soy manso y no había por qué,

muy tranquilo me quedé

y ansí me dejé agarrar. […]


Formaron un contingente

con los que en el baile arriaron;

con otros nos mesturaron,

que habían agarrao también:

las cosas que aquí se ven

ni los diablos las pensaron.


A mí el Juez me tomó entre ojos

en la última votación:

me le había hecho el remolón

y no me arrimé ese día,

y él dijo que yo servía

a los de la esposición. […]


Al mandarnos nos hicieron

más promesas que a un altar.

El Juez nos jue a proclamar

y nos dijo muchas veces:

“Muchachos, a los seis meses

los van a ir a revelar.” […]


A naides le dieron armas,

pues toditas las que había

el coronel las tenía,

según dijo esa ocasión,

pa repartirlas el día

en que hubiera una invasión. […]


¡Y qué indios, ni qué servicio,

si allí no había ni cuartel!

Nos mandaba el coronel

a trabajar en sus chacras,

y dejábamos las vacas

que las llevara el infiel. […]


Más de un año nos tuvieron

en esos trabajos duros,

y los indios, le asiguro,

dentraban cuando querían:

como no los perseguían,

siempre andaban sin apuro. […]