MARTÍN FIERRO
Ya veo que somos los dos
astilla del mesmo
palo:
yo paso por gaucho
malo
y usté anda del
mesmo modo,
y yo, pa acabarlo
todo,
a los indios me refalo. […]
Yo sé que allá los
caciques
amparan a los
cristianos,
y que los tratan
de “hermanos”
cuando se van por
su gusto.
¿A qué andar
pasando sustos?
Alcemos el poncho y vamos. […]
.................................................
.................................................
En este punto el cantor
buscó un porrón pa
consuelo,
echó un trago como
un cielo,
dando fin a su
argumento,
y de un golpe al
istrumento
lo hizo astillas contra el suelo.
“Ruempo”, dijo,
“la guitarra,
pa no volverla a
templar
ninguno la ha de
tocar,
por siguro
ténganló;
pues naides ha de
cantar
cuando este gaucho cantó”.
Y daré fin a mis
coplas
con aire de
relación;
nunca falta un
preguntón
más curioso que
mujer,
y tal vez quiera
saber
cómo fue la conclusión.
Cruz y Fierro, de una estancia
una tropilla se
arriaron;
por delante se la
echaron
como criollos
entendidos
y pronto, sin ser
sentidos,
por la frontera cruzaron.
Y cuando la habían
pasao,
una madrugada
clara
le dijo Cruz que
mirara
las últimas poblaciones;
y a Fierro dos
lagrimones
le rodaron por la cara.
Y siguiendo el
fiel del rumbo
se entraron en el
desierto.
No sé si los
habrán muerto
en alguna
correría,
pero espero que
algún día
sabré de ellos algo cierto.
Y ya con estas
noticias
mi relación acabé;
por ser ciertas
las conté,
todas las
desgracias dichas:
es un telar de
desdichas
cada gaucho que usté ve.
Pero ponga su
esperanza
en el Dios que lo
formó;
y aquí me despido
yo,
que referí ansí a
mi modo
MALES QUE CONOCEN
TODOS
PERO QUE NAIDES CONTÓ.