Canto XIII

MARTÍN FIERRO


Ya veo que somos los dos

astilla del mesmo palo:

yo paso por gaucho malo

y usté anda del mesmo modo,

y yo, pa acabarlo todo,

a los indios me refalo. […]


Yo sé que allá los caciques

amparan a los cristianos,

y que los tratan de “hermanos”

cuando se van por su gusto.

¿A qué andar pasando sustos?

Alcemos el poncho y vamos. […]


.................................................

.................................................


En este punto el cantor

buscó un porrón pa consuelo,

echó un trago como un cielo,

dando fin a su argumento,

y de un golpe al istrumento

lo hizo astillas contra el suelo.


“Ruempo”, dijo, “la guitarra,

pa no volverla a templar

ninguno la ha de tocar,

por siguro ténganló;

pues naides ha de cantar

cuando este gaucho cantó”.


Y daré fin a mis coplas

con aire de relación;

nunca falta un preguntón

más curioso que mujer,

y tal vez quiera saber

cómo fue la conclusión.


Cruz y Fierro, de una estancia

una tropilla se arriaron;

por delante se la echaron

como criollos entendidos

y pronto, sin ser sentidos,

por la frontera cruzaron.


Y cuando la habían pasao,

una madrugada clara

le dijo Cruz que mirara

las últimas poblaciones;

y a Fierro dos lagrimones

le rodaron por la cara.


Y siguiendo el fiel del rumbo

se entraron en el desierto.

No sé si los habrán muerto

en alguna correría,

pero espero que algún día

sabré de ellos algo cierto.


Y ya con estas noticias

mi relación acabé;

por ser ciertas las conté,

todas las desgracias dichas:

es un telar de desdichas

cada gaucho que usté ve.


Pero ponga su esperanza

en el Dios que lo formó;

y aquí me despido yo,

que referí ansí a mi modo

MALES QUE CONOCEN TODOS

PERO QUE NAIDES CONTÓ.